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Imagen de Alex Yomare en Pixabay |
Caricaturas
Estoy harto, lo confieso, de encontrarme con tantas caricaturas sobre
temas que ameritan, a mi juicio, ser tratados con más delicadeza y
raciocinio. Una caricatura ni siquiera se aproxima a la realidad, así
que pienso que los que disienten o los que defienden al actual
presidente deberían de poner un poco más de rigor en sus análisis
políticos; en este caso se busca, desde una perspectiva filosófica que
es una disciplina y una ciencia humana no como la ciencia empírica
obviamente, que es un modo de conocer la realidad no el único, aportar
algunas ideas para el debate político. El país está en un momento de
crisis, de enorme densidad política y de una lucha ideológica; es
preciso, pues, observar este escenario con detenida atención; además, el
Covid19 se suma como un ente inesperado a esta crisis. En este lacónico
ensayo, de manera un poco general, reflexionaré sobre algunos aspectos
del FMLN, ARENA y Nayib Bukele.
Acción o reacción
Una cosa debo de aclarar antes que todo: lo que los políticos
opositores no se han percatado es que están reaccionado y no actuando.
El presidente está jugando, conoce las reglas de su juego. Lo que debe
hacer la oposición, si hubiera, es dejar de prestar atención a Bukele y
comenzar a crear un proyecto político, real, que sí beneficie a la
comunidad política. Si no se ponen a reflexionar seriamente sobre lo que
están haciendo en el escenario político como oposición, terminarán, en
cada contienda política que sostengan con Bukele, derrotados, pues él
está jugando políticamente. La reacción, les aseguro, no los sacará del
atolladero en el que están pues la reacción es emocional, pero la acción
es racional y cerebral.
Superación de la subjetividad burguesa
Si antes de iniciar una revolución los integrantes de un movimiento
revolucionario no superan la subjetividad burguesa, entonces, cuando
estén en el lugar de los burgueses, seguirán la misma lógica de
aquellos. Esto no es chasco, cualquier revolución que no tome en cuenta
el aspecto subjetivo, caerá por su propio peso. Si la motivación de un
revolucionario es transcender su clase para convertirse en un peón más
de la totalidad vigente, es mejor que ni hubiera nacido. Muchos de los
que integraron el movimiento revolucionario del FMLN —que ahora algunos
de ellos operan dentro del campo político del mundo salvadoreño, como ha
quedado evidenciado en todas las ocasiones en que han tenido la
oportunidad de intervenir como poder fuera de sí, potestas— no superaron
la subjetividad burguesa; no ganaron la Guerra Civil, es cierto, pero sí
ganaron otro privilegio, el de convertirse oficialmente en un partido
político en 1992. Pero esa victoria, pírrica, a pesar de todos los
frutos que rindió, no sirvió de mucho, ellos, en potencia, como muchos
de los que hoy reaccionan en contra de los políticos, eran unos
auténticos burgueses, el poder político y económico sólo actualizó la
semilla que los burgueses habían sembrado ya en la cabeza y el corazón
de aquellos.
Por lo tanto, como no superaron la subjetividad burguesa y lograron
consolidarse como una fuerza política partidaria, cuando tuvieron la
posibilidad de llegar al poder político fetichizaron aquel y siguieron
la misma lógica de los burgueses; éstos, como se sabe, son amigos del
valor que se valoriza y enemigos del creador del valor que se valoriza.
Entonces, los del FMLN no representan al pueblo y a la clase obrera, que
es un momento de aquel, que dicen representar y a la que usaron como
medio para subirse al escenario político, sino a la clase burguesa y
oligárquica. El poder político así como el económico serán beneficiosos
sólo si son utilizados como medios para sacar de la miseria a la clase
obrera y para crear y generar desarrollo en la vida de la comunidad
política. De lo contrario se puede volver un arma de indecible
peligrosidad que no sólo destruirá seres humanos sino que también
destruirá el espacio vital donde la potentia, la comunidad política y
sede absoluta del poder en sí, no fuera de sí, despliega y desplegará
todas sus potencialidades.
El fmln: ¿el partido del pueblo?
Todo burgués, siendo consecuente con los principios que representa la
clase a la que pertenece, beneficia a la clase dominante. Esto es
inevitable. El FMLN no benefició al pueblo. El bloque social de los
oprimidos en El Salvador —por su condición de pobres no por naturaleza
sino por causas históricas— o sea el pueblo salvadoreño no podrá ser
liberado de esa condición por un espíritu burgués, pues sus intereses
son antagónicos. Para que la clase dominante se mantenga como la
totalidad vigente, es requerida la negación del pueblo. El FMLN para
mantenerse en poder traicionó sus ideales y se prestó como un
instrumento más para alimentar, conservar y promover el estado vigente,
en el cual el pueblo no tiene un papel determinante. Por la forma como
ha operado políticamente, se puede determinar que el frente es burgués y
no es más, ni será, el partido del pueblo.
Hacer lo que hizo ARENA, a saber, afirmar y mantener el estado vigente,
no es suficiente. El FMLN actuó políticamente de manera análoga con el
partido de derecha. Su proceder fue ordinario y para nada sorprendente,
es más se desconectó de la potentia, sin saber que ésta es el poder en
sí, es la sede del poder político. Pero cuando un político se deja
seducir por el poder cree que el poder reside en él y en la institución
en la que opera como funcionario; se corrompe, se vuelve fetichista.
La corrupción comienza cuando se elige el poder y sus
determinaciones fenoménicas u objetivas y se olvida la fuente del poder
o sea el pueblo. Con base a lo dicho se puede concluir que el FMLN
no hizo lo suficiente; ni lo mínimo para luchar y defender las causas
del pueblo, a saber, el bloque social de los oprimidos.
Nayib Bukele es un burgués
Ningún burgués, porque los intereses que representa son antagónicos con
los de la comunidad política, puede ser el presidente del pueblo. Nayib,
como se puede evidenciar al mirar su biografía, es un burgués. El
contacto que ha tenido con sus seguidores es, ellos los saben,
absolutamente superficial. Si no es capaz de relacionarse, por su
soberbia y arrogancia, con la potestas, el poder fuera de sí
determinado como poder político institucional, es, sin duda, mucho
más difícil que se relacione con el poder como potentia, el poder en sí
indeterminado, a este último sólo lo utiliza como un medio para
conseguir un fin político personalista, olvidando que la potentia es al
poder en sí, y cuando éste, el pueblo, advierta su error, que ojalá no
sea demasiado tarde, su carrera política y reputación se habrán disipado
en la mera indeterminación. Como dije, Nayib no puede ser, aunque sus
seguidores lo proclamen así, el presidente del pueblo.
Manipulador
Si un pueblo, como es el caso de El Salvador, vive con sed de venganza,
entonces es más fácil manipularlo. El pueblo salvadoreño, porque
desconoce qué él es el poder en sí, vive con sed de venganza. Los
políticos, por su divorcio con las causas de los más desafortunados, son
odiados por una inmensa cantidad de personas. Ahora bien, un conjunto de
personas que son presa de una emoción tan negativa como el odio, pueden
ser fácilmente manipuladas, como lo está haciendo el presidente Bukele.
Él, o sus asesores, está (o están) leyendo muy bien la coyuntura
política. Esa es, y no otra, la razón por lo que las reacciones de ARENA
Y el FMLN no parecen afectar en absoluto al presidente, es más, lo
fortalecen.
Enemigo del pueblo
Todo el que es amigo de los de arriba, aunque diga que representa las
causas más nobles, no puede ser amigo de los de abajo. La razón es
simple: los de arriba, es decir, los ricos, existen porque los pobres
existen, y si alguien quiere compaginar con los dos, amará a uno más que
al otro, y al que ame menos saldrá, como es natural, terriblemente
afectado. El FMLN como partido político es, por lo que hizo desde el
órgano ejecutivo y por lo que hace hoy desde el órgano legislativo,
amigo de los de arriba, no se arriesga, cómo sí lo haría un verdadero
partido político revolucionario; quien ama más al pobre que al dinero no
puede ser amigo de los de arriba, el frente quiso mantener armonía entre
la tesis y la antítesis, pero eso, como lo muestra la historia, no es
posible. Luego, al observar la manera de proceder del frente se
determina que no puede ser amigo del pueblo, pues se decidió, al elegir
el capital, por los de arriba y no por los de abajo.
Oportunista y traidor
Todo oportunista, por su endeble código ético, es un traidor. Lo
demostró con el FMLN; seguramente porque en esa institución política no
logró ser el centro atención, algo que por lo visto lo enferma, se
desligó y comenzó a crear un discurso con tono popular pero que a medida
que pasó el tiempo se tornó más conservador. Bukele —y pienso que
en esto, el que es objetivo a la hora de emitir un juicio, tendrá que
asentir conmigo— es un oportunista. Su oportunismo es increíble,
politiza cualquier acto por banal que sea para aumentar el rating; ser
el centro, la estrella, es algo que le complace. Bukele, por su accionar
político en el pasado y por su doble narrativa, es un traidor. Ha
traicionado las instituciones en las que ha militado, ha traicionado sus
principios políticos, pues si fuera sincero apoyaría al pueblo que lo
llevo al poder, pero en este momento reprime, manipula y engaña a sus
seguidores con el único telos: el de ser el líder político perfecto.
Pero con su proceder es cuestión de tiempo para que el pueblo reconozca
su error, el de haber elegido como presidente a un ególatra colosal.
ResponderEliminarPensar, decir, escribir.